No he escrito nada estos días por pudor. Si, esto no es una justificación, aunque pueda parecerlo. Por pudor, por vergüenza. "Que vergüenza, ¡qué-vergüenza!" grité el otro día cuando Mirta me dijo que había descubierto este blog. Una cosa es saber que se puede leer, que esa es la obvia intención, pero es como un "rollo voyeaur", pensar que cualquiera pueda entrar en una parcela tan privada, que está al alcance de cualquiera y sin embargo no está a la vista. Es como... el sexo al aire libre.
Sin embargo, y pese a ese punto exhibicionista, mejor dicho, desinhibido, que tengo, me dio pudor. Es probable que no cuente tantas cosas como creo que digo, pero he hablado de mi padre, de mi novio, de mis complejos (que son muchos y muy variados), de mis amigos, de mis alumnos, de mi hermana, de la muerte, de mi barrio, del colegio, de traiciones, de realidades paralelas, de derechos, derecho a sentirte mal, derecho a gritar, de personas a las que echo de menos, de relaciones (y sus dificultades) de incomprensión, de lo perdido que he estado... de lo difícil que es levantarse cada mañana cuando te duele algo (y no es físico) Quizás no. Quizás no lo haya dicho...
Me quedan todavía muchas cosas que decir, como siempre. Pero este sitio me ayuda a obligarme. Me ayuda a escribir, a aprender a hacerlo, a comunicarme, a expresarme. Me obliga, desde el título, a no pensar que es inútil, o absurdo. Es mi blog, es mi mundo, es, mi vida. Es lo que pienso, lo que siento. Tengo que obligarme a dejar de pensar que es irrelevante...
Hay días así. Me crezco. Días en los que me cuadran las cosas, y sonrío. (Esa sonrisa torcida, de medio lado)
Quizás no sea todo tan malo: Hoy ha salido el sol.
jueves, 11 de febrero de 2010
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