jueves, 21 de enero de 2010

¿Y qué hago yo?

¿Y qué hago yo con el fantasma del padre de Hamlet? ¿Cómo representas eso? No, no, no, todo descartado. No, nada vale. No. Me salen ideas, que van componiendo escenas con flashes de imágenes, y las veo bien, hay que madurarlas, darles forma como al barro, y me gustan, pero no paran… Es el proceso, lo sé, es así. ¿Pero qué hago yo con el Espectro? ¿Qué hago yo? Me hundo, me ahogo en un vaso de agua que no tiene agua, ¿y quien me saca a mí de aquí? ¿Dónde están mi Horacio y mi Marcelo? Me habéis abandonado en el exilio y eso me hace sentir más solo.
No puedo canalizar todas las ideas. Tampoco podré materializarlas. Quiero unos mecanismos que hagan bajar una tarima de cada lado del escenario creando distintas alturas cortadas por unas bambalinas gigantes casi en el centro creando dos espacios distintos. Imagino. No soy el CDG, y sí, lo sé, lo de Grotowsky y todo eso, lo sé y lo pongo en práctica, sí. No me he vuelto loco y sé que ni soy, ni pretendo ser Tomaz Pandur. - ¿Quién te va a hacer a ti todo eso, Dani? –me pregunto a mi mismo. – Despierta. Céntrate. Céntrate Dani. –Me lo digo para intentar calmarme, es muy tarde y no puedo llamar a nadie, solo con la almohada (una vez más) puedo consultarlo… Mi maravilloso carpintero, experto en tarimas que no se parecen a mis dibujos… Trabaja de buena fe, pero con eso no hago yo teatro.
Escucho música mientras escribo y observo la lluvia, se me ocurren tantas cosas… Cabeza loca, la mía, que “debería estar sobre otros hombros que le sacasen más partido” (Frases pedagógicas que me han dicho alguna vez…) Todo este remolino me sobreexcita. Ya ha llegado la tormenta. Y esta vez… Hamlet tendrá que ser autosuficiente.
No puedo, no puedo escribir, me va a estallar la cabeza. Culpo a la cafeína, a la música que le pedí a Mirta Legrand (pseudónimo con el que mantendré su nombre en secreto) ¿Qué haría él? ¿Qué me diría? “Haz lo de siempre Dani, lo que te de la gana…” Pienso que he tenido mucha suerte. Pienso en los montajes, en los escenarios y en todos los que han currado, que han puesto (como Winston) sangre, sudor y lágrimas. Quizás yo he puesto más lágrimas, de impotencia, de soberbia, de felicidad, incluso, y sangre, por supuesto…
Pienso en Nuno Cardoso. Lo recuerdo con barba de tres días, delgadito, fumando compulsivamente. Pienso en su “Jardim zoológico de cristal” en mis pájaros subiendo y bajando de la tarima, tarima que usé en Carraxe, pienso en la Reina Atosa de los persas. Encadeno fotografías mentalmente que me bombardean… Recuerdos.

No puedo, hoy… no puedo.

"Una vez, un viejo actor kabuki me dijo:« Puedo enseñar a un actor principiante el movimiento de cómo señalar la luna. Pero desde la punta del dedo hasta la luna es responsabilidad del actor ». Cuando actúo, lo importante no es si mi gesto es hermoso. Para mí sólo hay una cuestión: el público, ha podido ver la luna?” Yoshi Oida

http://www.youtube.com/watch?v=bRF-pE11Qww

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