viernes, 25 de diciembre de 2009

Psicosomatizando

La primera vez que me salió un herpes, en el labio superior, tenía 12 años. Martes 25 de octubre de 1993. Mi amigo y compañero de mesa en el cole se había muerto de neumonía el día anterior. Cuando regresé a casa, del cementerio, me tumbé en el sofá, estaba agotado, y me quedé adormilado. Mi madre me puso una manta por encima y me besó la frente. Ahí supe que no quería ser mayor, si eso era lo que hacían los mayores: estar cansados, ir a entierros... No hablé con nadie de cómo me sentía, ni qué pensaba, y reprimí mis lágrimas todo lo que pude. Todo lo que puede un niño de 12 años... Esa mañana me desperté con un gigantesco herpes en la boca. Me dieron varias explicaciones que yo repetía cuando me preguntaban: la fiebre, el frío de Boisaca, o los nervios... Podría haber sido el frío, ojalá.

Desde entonces, en cada momento de "stress" ("stress? ostias stress, quen non ten stres?" es de una obra de teatro) durante años he tenido herpes. Al cuerpo no le prestamos atención, como al subconsciente, pero nos manda mensajes que ignoramos o no sabemos interpretar. Psicosomatizamos.

A veces mi estómago se cierra, perdiendo el apetito, o se hace un nudo, avisándome, sin comprenderlo, de lo que me pasa... Tengo un nudo en el estómago... y la actuación sale perfecta, por ejemplo. Mi estómago lo refleja todo: las situaciones de estrés, las realidades que no digiero, los nervios en el trabajo, mis inseguridades...


He tenido los herpes con tanta regularidad que llegué a adivinar cuándo saldrían. Es más, llegué a controlarlos de forma que sólo tenía dos al año: abril y septiembre (por razones que no vienen al caso) Hace unos cinco años empecé a esteriorizarlo todo, a verbalizar lo que pensaba, lo que me pasaba, cómo me sentía... a relajarme, a tomarme las cosas de otra manera. Ni en abril, ni en septiembre. Se fueron los herpes. Después de cinco años, este verano han vuelto (más razones que no vienen al caso, o no quiero yo que vengan...)

Cuando los herpes cesaron, empezaron mis dolores de espalda. Cuando los ensayos no iban bien, o llegábamos ahogados al estreno, me dolía el hombro izquierdo (todavía hoy me pasa...) En mayo de 2005 era tan grande el dolor que acudí a un quiromasajista...

Cuando murió mi padre no hubo herpes, ni resfriados, ni dolor de espalda. No hubo síntoma físico de ningún tipo. Ansiedad, insomnio, sensación continua de tristeza, de vacío, todo eso sí, pero nada físico. Cinco meses después comenzaba una terapia siendo tratado con ansiolíticos que me permitieron volver a ser persona.

Sabiendo que todo esto era fruto de mi mente (gran poder para una perturbada) traté de corregirlo, a veces, con mucho éxito. Cambié el dolor de espalda, por el herpes, el de garganta por el de espalda, la ansiedad por el dolor físico y cuando no había nada de eso... tenía un tic con el pelo, y luego con el labio. Ahora no tengo ninguno.

No siempre puedo controlarme, controlar mi cuerpo, ni mi mente... Parece de locos, lo sé, pero tengo en la cabeza una especie de batidora que va más rápido de lo que yo puedo hablar.

A veces tiemblo. Como si tuviese frío. "Tiemblo como una vara" pero como éste es un síntoma nuevo... aún no sé interpretarlo. He temblado en diferentes circunstancias que no tienen un denominador común. Temblaba bajando las escaleras de la Quintana el 9 de noviembre. Temblaba durante un ensayo de abril. Temblé un soleado domingo cerca del mediterráneo. Esto me recuerda a una canción de los Hombres G, "Temblando"
http://www.youtube.com/watch?v=yhA-1EfX184

Hoy he tomado vitamina C, para las defensas. Una pastilla grande, que me costó tragar... Nunca me diò trabajo tragar pastillas... Mi madre siempre cuenta una anécdota de cuando era pequeño. Mi hermano, que tiene un año más que yo, estaba enfermo y mi madre le dio una "aspirina infantil" No sé por qué se me ocurrió ir justo después que ella al cajón de las aspirinas y yo también tomé una. Sabían a naranja, no sé si ahora se fabrican. Al rato volví, y tomé otra. Y así me pasé la tarde. Automedicándome inconscientemente. Cuando mi madre fue al cajón de las aspirinas, de noche, para darle otra a mi hermanito enfermo.... ya no quedaban. Pobre, ahora me río, pero no he sido un hijo cómodo para una madre... lo reconozco, claro que mi adolescencia fue peor. Mi madre, preocupada por lo que pudiera sucederme, preguntó al día siguiente en el colegio, si habían notado algo atípico en mi comportamiento, y todo se quedó en un susto. Mi madre se ha pasado mi infancia escondiéndome las cosas. La profesora no recordó nada anormal en mi, pero yo sí recuerdo ese día, y aunque siempre hago un silencio cada vez que a mi madre se le ocurre contar la anécdota, al recordarlo, sonrío: los efectos de las drogas...

Por cierto... ya sé poner fotos: Mi hombro izquierdo en marzo, dos horas antes de un estreno.

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