Yotambientengounblogeninternet
Internet es esa especie de cajón desastre dónde todo el mundo escribe lo que le da la gana. Dónde cualquiera puede decir la estupidez más grande sin oír un reproche, sin ser corregido, y sin que esas palabras, escritas y firmadas, queden encadenadas a él. Me pregunté hoy, ¿por qué yo no? ¿Por qué iba a ser menos interesante lo que yo pueda decir? Quizás este blog tenga una fecha temprana de caducidad. Es muy probable que olvide actualizarlo hasta no poder recordar la clave de acceso. No es el primer blog que abro ni el tercero que abandono. Todo son buenos propósitos que se quedarán en palabras olvidadas. Escritas, pero que no me encadenan. Que no me pesan, ni tienen por què.
Este es mi virtual libro blanco y con él haré lo que me dé la gana. Escribiré de cine si me apetece, colgaré fotos si sé hacerlo, nombraré personas de mi entorno si quiero…
Soy aficionado a los blogs, los defiendo. Defiendo un lugar donde cualquiera puede decir: mierda, y golpear la mesa. Me aburren. Me engancho, al principio, porque tiene ese punto “voyeur” y luego me aburren. Me pasa con las series. No soy capaz de seguirlas más de tres temporadas. Pero defiendo su existencia. Tomo como referencia el soliloquio de Hamlet. Cada entrada publicada será para mí como un soliloquio sin importarme que esté Polonio escuchando. No es mi problema. Al fin y al cabo, Polonio muere asesinado tres escenas después por escuchar soliloquios ajenos detrás de las cortinas. Todos somos un poco Polonio. Necesitamos saber qué le ocurre al principito de los cojones, y a veces… pasan esas cosas. Que te matan tras una cortina.
Tal vez me arrepienta de hacerlo antes incluso de publicarlo, quizás, porque no termine de encontrarle el sentido a tener un blog. Yo también tengo un blog en Internet, ¿y qué? No quiero que me obligue. No quiero volver a perder en la eterna lucha del hombre contra la máquina. No quiero sentarme en el ordenador y sentir que no sé cómo empezar. No quiero sentir ese “miedo al folio en blanco” al que se enfrentaba Galdós. No quiero, porque ya sé lo que es.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario